La creatividad no depende únicamente de la capacidad individual. El entorno de trabajo también influye directamente en cómo piensan las personas, cómo se concentran y cómo interactúan entre sí. Por eso, en algunas oficinas generar ideas resulta natural, mientras que otras se convierten únicamente en espacios donde se completan tareas.

A lo largo de la historia, las personas se han reunido en espacios seguros para comunicarse, compartir información y desarrollar ideas. Sin embargo, hoy se espera que la creatividad surja en entornos monótonos, con iluminación artificial y estrictamente regulados. Este contraste muestra claramente la importancia del espacio para el pensamiento creativo.

El cerebro humano entra en modo de supervivencia (o de cumplir la jornada laboral) en entornos en los que se siente amenazado, está expuesto a la artificialidad o se encuentra excesivamente limitado; el modo creativo solo se activa cuando el cerebro se siente seguro, estimulado y libre.

Detrás de que algunas oficinas parezcan «incubadoras de ideas» y otras se conviertan en espacios mentalmente limitantes hay dinámicas muy claras de psicología del espacio y neuroarquitectura:

El «efecto catedral» (Cathedral Effect) y la altura del techo

Las investigaciones demuestran que la altura del techo puede influir en la forma de pensar.

•             Los espacios con techos bajos envían a nuestro cerebro señales para concentrarse, prestar atención a los detalles y resolver tareas analíticas (introducción de datos, elaboración de informes, contabilidad).

•             Los espacios con techos altos, luminosos y amplios, por su parte, estimulan el pensamiento abstracto, la capacidad de ver el panorama general y la creatividad (visión del panorama general). No es casualidad que las oficinas creativas suelan ubicarse en antiguas fábricas reconvertidas, lofts o edificios con atrios altos.

Ritmo de fluidez: cueva y prospecto (teoría de la apertura-refugio)

El pensamiento creativo no es lineal; requiere un ciclo de respirar, concentrarse y socializar. Los códigos primitivos del ser humano en el espacio buscan tanto un refugio (refugio) como un espacio abierto (apertura) desde el que pueda ver lo que tiene delante.

•             Las distribuciones compuestas únicamente por oficinas abiertas hacen que las personas se sientan expuestas y vulnerables; la sensación constante de que alguien camina detrás de ellas (el panóptico) desencadena la hormona del estrés, el mayor enemigo de la creatividad.

•             Las mejores oficinas creativas ofrecen fluidez al trabajador (fluidez espacial). Para una concentración profunda, una cabina tenue con un alto aislamiento acústico (la cueva), seguida de una zona común flexible y confortable bañada por la luz natural, o una mesa compartida para compartir ideas (la hoguera). Al cerebro le gusta este ritmo.

Diseño biofílico: la geometría invisible de la naturaleza

Las personas tienen una predisposición genética (biofilia) hacia las formas orgánicas, las superficies que se pueden tocar y los organismos vivos.

Los entornos con una alta presencia de superficies sintéticas y uniformes pueden resultar agotadores. En cambio, la relación con la madera natural, los tejidos texturizados, las plantas, el sonido del agua y la luz natural contribuye a que los usuarios se sientan más tranquilos, relajados y mentalmente receptivos. El pensamiento creativo también suele fortalecerse en este entorno de relajación y seguridad.

Geometría de la interacción espontánea

La creatividad se nutre de los encuentros entre disciplinas. Las «zonas microsociales» donde se cruzan los caminos del programador y el diseñador gráfico, o del profesional de finanzas y el especialista en marketing, son el corazón de las oficinas creativas. Si en una oficina la zona del café, el rellano de la escalera o la anchura de los pasillos están diseñados de forma tan estrecha y poco funcional que las personas no pueden detenerse a hablar durante dos minutos, la innovación de esa empresa queda reducida a la directiva de «seamos creativos» en la sala de reuniones, una directiva que nunca funciona.

Por eso, la concepción del espacio de trabajo creativo del futuro debe construir un sistema de «confort mental» en el que trabajen conjuntamente el confort acústico, la geometría de la luz, el flujo espacial y la sensación táctil de los materiales. La mente humana trabaja de forma más creativa en espacios donde se siente segura y en estado de flujo.