Durante muchos años, el objetivo principal de la oficina fue reunir a las personas en un mismo lugar y organizar el trabajo. Sin embargo, hoy muchos trabajos pueden realizarse físicamente desde cualquier lugar. Esto ha cambiado por completo el significado de la oficina. Porque ahora las personas ya no van a la oficina únicamente para trabajar.

En la nueva era, la verdadera función de la oficina pasa a ser, más que gestionar las operaciones, crear vínculos, construir una cultura y hacer posible pensar juntos. Puede que las personas logren completar sus tareas en casa, pero el sentimiento de equipo, los encuentros espontáneos, las relaciones de confianza y los rituales compartidos suelen surgir en el espacio físico.

Una paradoja resume la cuestión con mucha claridad: Hay conexión a Internet en todas partes, pero la conexión humana se ha vuelto muy poco frecuente.

En un mundo donde todo el mundo puede trabajar desde casa, la nueva función de la oficina no es ser una obligación operativa, sino convertirse en un centro de encuentro y atracción voluntario. Al despertarse por la mañana, las personas deberían poder decir: «Hoy debo ir a la oficina para producir una sinergia compartida con el equipo y respirar ese ambiente», en lugar de «Hoy tengo que ir a la oficina».

En esta nueva era, destacan 3 funciones vitales que debe asumir el espacio físico:

«Confort de la fricción» e innovación espontánea

Cuando se trabaja desde casa o a distancia, cada interacción está planificada. Se envía una invitación de calendario, se enciende la pantalla, se habla de la agenda y se cierra la reunión. Este sistema permite terminar las tareas, pero mata las chispas creativas.

La nueva función de la oficina es propiciar esos encuentros imprevistos (serendipia)  es producir. Una idea comentada de pie en el pasillo o una intuición compartida junto a la cafetera pueden resolver en 5 minutos un problema que llevaría horas frente a la pantalla. El espacio debe diseñarse para fomentar estas «fricciones agradables».

Construcción de la confianza y el capital social

La psicología humana puede confiar solo hasta cierto punto en los rostros bidimensionales de la pantalla. Las relaciones de confianza reales se construyen mediante rituales compartidos: una comida juntos, una celebración de los logros, la sensación de poder estar hombro con hombro en momentos de crisis o simplemente poder comprender el estado de ánimo de alguien por su lenguaje corporal y apoyarlo.

La oficina del futuro es como un banco donde la empresa acumula su capital social. Las tareas se realizan en casa, pero la confianza y el sentido de pertenencia se almacenan en la oficina.

Un escenario de «Experiencia y rituales»

Si la oficina ya no se mide por la densidad de escritorios, sino por la calidad de la experiencia, entonces todo, desde el mobiliario hasta la iluminación, pasando por la acústica y la selección de materiales, debe ofrecer la comodidad del vestíbulo de un hotel o la calidez de un club (club social).

Las mesas de trabajo estáticas, grises y sin alma deben dar paso a módulos fluidos ajustables, cabinas de microarquitectura que ofrezcan una alta concentración y espacios de calidad donde las personas puedan disfrutar del placer táctil de crear juntas (maderas naturales, texturas en bruto, tonos cálidos).

Las oficinas exitosas del futuro tendrán que ofrecer a las personas una energía colectiva y un confort estético que jamás podrán replicar en casa. El espacio ya no es una herramienta básica donde se realiza el trabajo; es el mayor argumento de recursos humanos y estrategia de marca para retener el talento y materializar la visión de la marca.